jueves, 30 de octubre de 2014



La belleza de un árbol
continua impregnada
en los movimientos gráciles
que son capaces de impulsar tus hojas
cual símil, de lo que fueron sus hojas,
y en imagen de tu primera materia

te asomas.

-Fotografía: Efrén Montoya-

2 comentarios:

Anita dijo...

Extrañaba tus versos. Gracias por las exquisitas palabras.

Darilea dijo...

Bellísimo :) Un besito Maribel